Los 5 errores que cometí en mi primer año invirtiendo (y ninguno me costó dinero)

Si prefieres oírlo contado: este artículo también está en vídeo, en el canal de YouTube del blog (ocho minutos).

Ninguno me costó dinero. Ese es el problema

Llevo año y medio invirtiendo con mi dinero y he cometido, que yo sepa, cinco errores serios.

Lo raro es que con ninguno he perdido dinero. Todo lo que he vendido lo he vendido en verde. Y precisamente por eso los cuento: un error que te cuesta 500 € lo aprendes en el acto. Un error que no te cuesta nada lo repites durante años sin enterarte.

Así que aquí van los cinco, en el orden en que los cometí. Tres son de antes de empezar y dos de después. Y el último todavía lo estoy arreglando.

Si estás empezando, lo más probable es que estés a punto de cometer alguno. Con suerte, este artículo te ahorra uno o dos.


El errorQué hiceLo que me costó de verdad
1. Esperar treinta añosMe interesaba desde los veinte y no empecé hasta tres décadas despuésEl más caro de los cinco, y no aparece en ningún extracto
2. Fondos garantizados del banco9.000 € repartidos en varios, tres años, a raíz de una llamadaLos saqué sin haber ganado prácticamente nada
3. Comprar lo que estaba de modaTecnológicas, defensa, aeroespacial, Porsche y bitcoin, sin analizar nadaComprar lo que ya había subido: si la idea llega hasta ti, lleva tiempo sonando
4. Confundir tener muchas cosas con diversificarSiete ETFs: semiconductores, tecnología, defensa, espacio, pequeñas de EE. UU. y el S&P 500Casi todos apostaban a lo mismo. Es el que todavía estoy corrigiendo
5. Empezar sin colchónInvertí antes de tener de tres a seis meses de gastos guardadosSi llega un gasto grande hay que vender, y será el día que esté en rojo. No me pasó, pero la suerte no es un plan
Con la lista delante se ve que los cinco son el mismo error contado de cinco maneras: actuar por lo que sentía en vez de por lo que sabía.

Error 1: esperar treinta años

Este es el más caro de los cinco, y no aparece en ningún extracto.

Me interesa invertir desde los veinte años. Siempre pensé que era una buena idea, siempre me atrajo. Y durante tres décadas no lo hice.

Los motivos me parecían razonables. Creía que la bolsa era para gente con mucho dinero y que entendía de mercados: señores con traje hablando de siglas en la tele. Creía que si metía dinero lo perdería todo, como en un casino. Nadie en mi entorno invertía, así que no había nadie a quien preguntar ni nadie que me dijera que estaba equivocado. Y cuando yo tenía veinte años internet estaba empezando: no había ni podcasts, ni vídeos, ni un blog como este. (Cuando por fin los hubo, aprendí con ellos.)

Todo eso era verdad. Y no cambia nada: cada año que esperé es un año menos de interés compuesto, y esa es la única parte de la inversión que no se puede recuperar. Dinero perdido se puede volver a ganar. Tiempo, no.

Lo que hago ahora: nada, porque no hay arreglo posible. Lo único que puedo hacer con este error es contártelo para que no lo repitas. Si estás esperando a saber más, a tener más dinero o a que llegue un momento mejor, ya escribí sobre cuánto hace falta para empezar: la respuesta corta es que menos de lo que crees. Empecé a los 51; lo que cambia y lo que no cuando empiezas a los 50 lo cuento aparte. Tú probablemente vas por delante.


Error 2: dejar 9.000 € en fondos garantizados del banco

En algún momento de esos treinta años sí hice algo, aunque tampoco fue idea mía: tenía dinero parado en la cuenta y me llamaron del banco (lo recuerdo perfectamente, hasta dónde estaba trabajando cuando sonó el teléfono) para ofrecerme fondos garantizados. Metí unos 9.000 € repartidos en varios, y los tuve unos tres años.

Cuando los saqué, no había ganado prácticamente nada.

Un fondo garantizado, para que nos entendamos, es un producto que te promete que al cabo de un plazo recuperarás lo que pusiste. Suena perfecto para alguien con miedo, que era exactamente yo. Lo que no te explican en la oficina es lo que cuesta esa promesa: el fondo invierte de forma tan conservadora, y cobra comisiones tan altas, que en la práctica la rentabilidad se queda en cero.

Y aquí viene el dato incómodo: cero no es cero. Con una inflación normal, del 2 al 3 % anual, un dinero que no se mueve durante tres años pierde entre un 6 y un 9 % de poder de compra. No lo vi en ningún extracto, pero lo perdí igual.

Lo que más rabia me da con el tiempo no es el dinero. Es que aquella experiencia me confirmó la idea de que «invertir no sirve para nada» y me hizo esperar unos cuantos años más.

Lo que hago ahora: no compro nada que no entienda, y miro siempre dos cosas antes que la rentabilidad: qué comisión cobra y qué hay dentro. Si un producto te lo vende el banco, la pregunta no es «¿es seguro?», es «¿para quién es bueno?».


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Error 3: comprar lo que estaba de moda

Cuando por fin empecé de verdad, hice lo que hace casi todo el mundo: compré lo que oía que subía.

Tecnológicas. Empresas de armamento y de aviación, que en 2024 y 2025 estaban en todas las conversaciones. Compré acciones de Porsche, un ETF de defensa europea, otro de aeroespacial y defensa global, y bitcoin. No hice ningún análisis con ninguno: si todo el mundo hablaba de ellos y llevaban meses subiendo, sería por algo.

Con el tiempo entendí una regla que ahora me parece obvia: si un producto llega a oídos de alguien como yo, que acaba de empezar, es porque la subida ya se ha hecho. Los que compraron barato fueron los que lo hicieron antes de que se hablara de ello. Yo llegaba, como siempre, cuando ya estaba en la tele.

Todo eso lo he vendido, y en verde, a medida que entendía que no tenía que estar ahí. El bitcoin lo vendí entero y más tarde volví a entrar con una cantidad pequeña, esta vez sabiendo por qué (lo cuento aparte). Pero te voy a ser sincero: todavía tengo una, una empresa de armamento europea que compré en lo alto, que ahora está en rojo y a la que sigo aportando para bajar el precio medio. No sé si es una buena decisión o si es el mismo error con otro nombre. Probablemente lo segundo.

Lo que hago ahora: cuando algo me llama la atención porque «está subiendo mucho», lo apunto y no lo compro. Si al cabo de tres meses sigo pensando que tiene sentido en mi cartera por razones que sé explicar, entonces lo miro. Casi nunca pasa el filtro.


Error 4: confundir tener muchas cosas con estar diversificado

Este es el que todavía estoy corrigiendo, y por eso te lo cuento con detalle.

Yo pensaba que diversificar era tener muchas cosas distintas. Así que fui comprando: un ETF de semiconductores, otro de tecnología, otro de defensa, otro de empresas espaciales, otro de pequeñas compañías de Estados Unidos, además del S&P 500. Siete ETFs. Vista desde fuera, una cartera de lo más variada.

Un día me paré a mirar qué había dentro de cada uno. Y resultó que casi todos tenían las mismas empresas. Que casi todo era Estados Unidos. Y que casi todo era tecnología y defensa. Si el sector tecnológico americano cae un 30 %, mi cartera cae un 30 % por siete sitios distintos a la vez.

Eso no es diversificar. Es comprar lo mismo con siete nombres.

Diversificar de verdad es que las cosas que tienes no se muevan juntas: distintos países, distintos sectores, distintos tamaños de empresa. Y eso, para alguien que empieza, lo hace un solo producto: un ETF de todo el mundo, que reparte tu dinero entre miles de empresas de decenas de países sin que tengas que elegir nada.

Y aquí viene la parte que me cuesta reconocer: ese ETF global, el único que de verdad diversifica, es el último que compré y hoy es la posición más pequeña de toda mi cartera. Lo tenía al revés.

Lo que hago ahora: darle la vuelta a la cartera poco a poco. Las aportaciones nuevas van al ETF global. Y cuando entiendo que algo no tiene que estar ahí, lo vendo aunque solo gane unos pocos euros con ello, porque la prioridad no es apurar la ganancia, es que la cartera sea de verdad diversificada. Cuando la tenga como quiero, escribiré un artículo explicándola.

Si quieres ver cómo se compra un ETF de ese tipo paso a paso, lo conté con capturas de mi propia cuenta.


Error 5: empezar sin colchón

Ya lo he escrito en otro artículo y lo repito porque yo mismo me lo salté: antes de invertir hay que tener un colchón de emergencia, entre tres y seis meses de gastos en una cuenta de la que puedas sacar dinero mañana.

Yo empecé a invertir sin tenerlo. Tenía las ganas, después de treinta años, y las ganas ganaron.

El riesgo es sencillo de entender y muy fácil de ignorar: si te viene un gasto grande y no tienes de dónde sacarlo, tendrás que vender tus inversiones. Y la ley de Murphy de la bolsa dice que ese día será justo cuando estén en rojo. He tenido suerte y no me ha pasado. Pero la suerte no es un plan.

Lo que hago ahora: el colchón sigue en construcción, y mi objetivo son seis meses de gastos, no tres, porque soy autónomo y mis ingresos no son los mismos cada mes. Mientras no lo tenga terminado, una parte de lo que ahorro va ahí antes que a la cartera. Me fastidia, porque el colchón no da rentabilidad. Pero es lo que me permite no vender en un mal momento, y eso vale más que cualquier rentabilidad.


Lo que tienen en común los cinco

Ahora, con la lista delante, veo que los cinco son el mismo error contado de cinco maneras: actuar por lo que sentía en vez de por lo que sabía.

Miedo, con el banco y con los treinta años de espera. Entusiasmo, con las acciones de moda y con la cartera de siete ETFs. Prisa, con el colchón.

Y me queda una cosa por decir, porque si no este artículo sería tramposo. Que ninguno me haya costado dinero no es mérito mío: es que los mercados han subido mucho en estos dos años. Con el mismo comportamiento en un mercado bajista, este artículo tendría cifras en rojo en cada apartado. No confundas un mercado que sube con haber acertado. Yo lo hice durante un tiempo.


Si estás empezando

No te voy a decir que no cometas errores, porque los vas a cometer. Te digo lo que le diría a mi yo de hace dos años:

Empieza ya, con poco. Que el primer producto sea uno que reparta por todo el mundo, y que lo aburrido sea el núcleo. Si algo te llama porque «está subiendo», apúntalo y espera tres meses. Y monta el colchón, aunque te fastidie, antes de que haga falta.

Si prefieres leerlo de alguien que sí sabe, estos son los libros que recomiendan quienes llevan décadas en esto. Y si prefieres que te lo cuenten con un orden, aquí están los cursos para aprender a invertir desde cero que sí merecen la pena. Y si quieres los primeros pasos ordenados, semana a semana, tienes la guía «Los primeros 90 días» gratis al suscribirte: está pensada exactamente para evitar estos cinco.


Aviso: contenido divulgativo basado en mi experiencia personal como inversor particular. No soy asesor financiero registrado y esto no constituye asesoramiento de inversión. Invertir tiene riesgo y se puede perder dinero. Cada situación es distinta; antes de tomar una decisión importante, consulta con un profesional registrado.

Última actualización: septiembre de 2026.

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