⚠️ Antes de leer nada: la inversión en criptoactivos no está regulada como las acciones o los fondos, puede no ser adecuada para inversores minoristas y puedes perder la totalidad del dinero invertido. Esto no es una frase de relleno: es lo que exige la CNMV a cualquiera que escriba sobre esto en España, y es verdad. Todo lo que sigue es mi experiencia personal, no una recomendación.
Escrito por Ángel Herraiz, autor de Inversor Desde Cero.
Este artículo contiene dos enlaces de afiliación. Están en las palabras «Ledger» y «Trezor», en el apartado sobre guardar las monedas uno mismo. Si compras a través de ellos recibo una comisión y a ti no te cuesta ni un euro más. Yo no tengo monedero físico, y lo digo así en el texto: los enlaces están para quien quiera uno, no porque yo los use. Puedes leer cómo funciona esto en mi política de afiliados.
Este artículo no quiere convencerte
Tengo bitcoin. Lo compré nada más empezar a invertir, lo vendí todo, y volví a comprarlo. Hoy es una parte de mi cartera mayor de lo que la mayoría de la gente sensata te diría que tengas, y pienso subirla un poco.
Te lo digo así de claro al principio para que sepas desde qué lado escribo. Y te digo también lo otro: en este artículo vas a encontrar, con la misma fuerza, las razones por las que podría estar equivocándome. Es la regla de este blog, y en criptomonedas más que en ningún otro sitio: cada cosa que hago va con su contrario al lado, porque lo que mejor me ha funcionado en año y medio no es acertar, es saber en qué me puedo estar equivocando.
Qué es bitcoin, en tres párrafos y sin humo
Bitcoin es un dinero digital que no emite ningún banco central ni ningún gobierno. Funciona sobre una red de ordenadores repartidos por todo el mundo que se ponen de acuerdo en quién tiene qué, sin que nadie mande. Solo existirán 21 millones, y eso está escrito en su código desde 2009: nadie puede imprimir más.
Eso es lo que atrae a quien lo compra: que sea escaso y que no dependa de nadie. Y esto es lo que atrae a quien no lo compra: bitcoin no produce nada. Una acción es un trozo de una empresa que vende cosas; un bono paga intereses; un piso da alquiler. Bitcoin vale lo que el siguiente esté dispuesto a pagar por él, y nada más. Las dos cosas son verdad a la vez, y según cuál te pese más, estás en un bando o en otro.
Las demás criptomonedas, y hay miles, son otra cosa. Algunas son proyectos tecnológicos serios (Ethereum, Solana), otras son copias, y muchas son directamente humo. Yo, para entenderme, lo simplifico así: está bitcoin y luego está todo lo demás. Volveré a esto.
Mi historia con bitcoin, sin adornar
Lo compré nada más empezar a invertir, en 2025, con la misma lógica con la que compré casi todo aquel primer año: porque lo oía. En este caso no eran modas de YouTube, sino algo que me pareció más serio: la mayoría de los economistas a los que escuchaba en podcasts y entrevistas decían que tenían una parte pequeña de su patrimonio en bitcoin. Si ellos lo tenían, pensé, yo también. Análisis propio, ninguno.
Lo vendí todo, y no por convicción. Necesitaba dinero en ese momento. Bitcoin había subido desde que lo compré, así que lo vendí en verde. Y para no sentir que vendía por necesidad, me conté una historia: que bitcoin había empezado a bajar, que eso era normal en su ciclo, y que ya volvería a comprar más barato. La historia era cómoda; la verdad era que necesitaba el dinero. Es el error 5 de mi primer año en estado puro: sin colchón de emergencia, lo que se acaba vendiendo es lo que has invertido, y el día que se vende lo decide la vida, no el mercado. Tuve suerte de que fuera en verde. No es un plan.
Volví a entrar más tarde, más abajo, y esta vez sabiendo lo que compraba: lo que te he contado dos párrafos más arriba, y no mucho más. Desde entonces lo compro con el plan automático, cada mes, sin mirar el precio.
Hoy es alrededor de un 12 % de mi cartera, y voy a subirlo un poco. El resto es lo que ya conoces si me lees: ETFs indexados, con un núcleo de bolsa mundial que no se toca.

DICCIONARIO GRATUITO
Las 41 palabras que hacen falta
Cada palabra que te para cuando empiezas, explicada en llano y con lo que me pasó a mí con ella. Diez páginas para imprimir y dejar al lado del ordenador. Va con la guía de los primeros 90 días, 73 páginas.
Lo que creo (y por qué puede estar mal)
Creo que bitcoin va a seguir teniendo un sitio en mi cartera durante años. Y creo, mientras no se demuestre lo contrario, en los llamados ciclos de cuatro años: bitcoin ha subido y bajado con fuerza siguiendo un patrón de unos cuatro años ligado a cómo se reduce su emisión, y mi plan es conservar siempre una parte y vender otra cuando considere que ha subido lo suficiente.
Ahora, lo que tiene que ir al lado, y no en letra pequeña:
Los ciclos son una observación, no una ley. Han pasado tres o cuatro veces. Con tres o cuatro repeticiones no se demuestra nada; en estadística ni se empieza. El día que el patrón falle nadie va a avisar, y todo el que haya construido su plan sobre él lo descubrirá tarde. Yo lo sé, y por eso digo «mientras no se demuestre lo contrario»: si el mercado cambia, cambio yo. El mercado manda.
Un 12 % es mucho. Lo que suelen sugerir quienes aceptan tener algo de bitcoin en una cartera de largo plazo está entre el 1 % y el 5 %, y muchos dicen cero. Lo mío está por encima de eso, y no te lo presento como modelo: te lo presento como lo que hago yo, con mi tolerancia al riesgo, que es alta, y con una regla que me protege de mí mismo y que explico ahora.
Se puede perder todo el dinero. Con una acción o un ETF lo normal es que baje, a veces mucho, y luego se recupere. Con bitcoin ha pasado eso hasta ahora: ha caído más de un 70 % en varias ocasiones y ha tardado años en volver. Pero nada garantiza que la próxima vez vuelva, y con las demás criptomonedas es habitual que el proyecto desaparezca y el dinero se quede en cero. Cuando la CNMV dice «perder la totalidad del importe invertido» no es un formalismo: es una posibilidad real.
La regla que me permite dormir
Mi regla con todo lo que invierto, y con bitcoin más que con nada, es esta: el dinero que invierto lo doy por gastado. Está ahí, pero no está disponible. No cuento con él para nada, no lo miro como ahorro, no forma parte de ningún plan a corto plazo. Si mañana valiera cero, mi vida sería la misma.
Eso es lo que me permitió no hacer nada en las caídas gordas, de esas de un 20 o un 30 % en pocos días, que con bitcoin dentro te van a pasar seguro. No vendí, no compré más por pánico, no miré la cartera cada hora. Esperé. Y no porque sea valiente: porque ese dinero ya no era mío en mi cabeza.
Si no puedes decir eso de verdad del dinero que vas a meter en cripto, no lo metas. Es el único consejo de este artículo que doy sin matices.
Dónde lo tengo, y lo que cambió el 1 de julio de 2026
Casi todo mi bitcoin está en Trade Republic, el mismo bróker donde tengo los ETFs, que desde 2025 tiene licencia europea (MiCA) para operar con criptoactivos. Se compra igual que un ETF, con un euro de comisión por operación o gratis con el plan automático, y la custodia la hace un depositario regulado en Alemania. Para alguien que empieza tiene una ventaja enorme: no hay que aprender nada nuevo, ni abrir cuentas en sitios raros, ni manejar claves. Tengo además una cantidad muy pequeña en otra plataforma que no voy a nombrar ni enlazar, porque no he podido confirmar que esté entre las autorizadas en Europa, y eso me lleva al punto siguiente.
Desde el 1 de julio de 2026, en España solo pueden operar las plataformas con licencia MiCA, la regulación europea de criptoactivos. Y eso hay que comprobarlo plataforma por plataforma: Binance, la más grande del mundo, no aparece en el registro de proveedores de servicios de criptoactivos de la CNMV, y su propia página de licencias no recoge ninguna autorización europea ni menciona España —lo único que detalla son sus entidades de Abu Dabi—. Lo comprobé el 18 de octubre de 2026. No digo que sea ilegal ni que se haya ido de España: digo lo que se puede comprobar, que es eso. Si tienes cripto en algún sitio, búscalo en ese registro —y búscalo por su razón social, no por su marca, que es donde se equivoca casi todo el mundo: «Kraken» no aparece, aparece Payward Europe Solutions Limited—. Lo cuento paso a paso en dónde comprar cripto desde España.
Sobre guardarlo tú mismo. Hay quien dice que el bitcoin que no controlas tú (con tus propias claves, en un monedero físico tipo Ledger o Trezor) no es del todo tuyo, porque dependes de que la plataforma siga existiendo. Es un argumento serio, y para cantidades grandes es lo correcto. Yo, con lo que tengo, he preferido de momento la sencillez de la plataforma regulada al riesgo de perder yo mismo las claves, que es el error más común de quien empieza con un monedero propio. Si algún día cambio, lo contaré aquí. (Y para las acciones y ETFs, que funcionan distinto, tengo un artículo sobre qué pasa si quiebra el bróker.)
Lo que Hacienda quiere saber
Corto, porque merece un artículo entero. Las ganancias por vender cripto tributan igual que las de un ETF: entre el 19 % y el 30 % según cuánto ganes, en la declaración de la renta del año en que vendes. Cambiar una cripto por otra también cuenta como venta. Y si tienes más de 50.000 € en plataformas fuera de España, hay un modelo informativo aparte (el 721). Con Trade Republic, el resumen fiscal anual te lo dan hecho; con otras plataformas, guarda cada operación desde el primer día, porque reconstruirlo después es un infierno.
Solo bitcoin, y por qué
Solo tengo bitcoin. No es una posición dogmática: Ethereum y Solana me parecen proyectos interesantes, y si tuviera más dinero para invertir serían candidatas para experimentar, y la palabra la elijo con cuidado. Para mí está bitcoin, que es el que tiene más de quince años de historia, la red más grande y la tesis más sencilla, y luego está todo lo demás, que es apostar por una tecnología. Con el dinero que tengo, el sitio de experimentar es pequeño y ya está ocupado.
Si alguien empieza y quiere «meter algo en cripto», mi opinión —una opinión mía, no un hecho comprobable— es que ese algo sea bitcoin, y punto. Las carteras de principiante llenas de diez monedas distintas son la versión cripto de mis siete ETFs que eran lo mismo: parece diversificar y es multiplicar el mismo riesgo.
Y si lo que te atrae de bitcoin es la idea de refugio, el activo con el que más se le compara es el oro. Ahí hay algo que en cripto no pasa: qué compras exactamente y qué impuesto paga está escrito en la ley, con una lista cerrada de pesos y una frontera de 21 % de IVA que casi nadie cuenta. Lo tienes entero en invertir en oro desde España.
Si me lo preguntara alguien que empieza
Lo que viene es mi interpretación, no un hecho comprobable. Me lo han preguntado, y he contestado lo que pienso, que es esto, en orden:
Primero, el colchón, y después lo demás. Si no tienes tres meses de gastos en una cuenta de la que puedas sacar mañana, no hay conversación sobre bitcoin que tener. Yo me la salté y me costó vender.
Segundo, el núcleo aburrido antes que lo emocionante. Un ETF de bolsa mundial con aportación automática es lo que te va a hacer el trabajo durante veinte años. Bitcoin, si entra, entra después y en pequeño.
Tercero, cuánto: lo que puedas dar por perdido sin que cambie nada en tu vida. Para casi todo el mundo eso está más cerca del 2 % que del 12 %. Que yo tenga más no es un argumento; es mi tolerancia y mi situación, no la tuya.
Cuarto, dónde: solo en plataformas autorizadas, comprando poco a poco con un plan automático, y sin apalancamiento jamás. Todo lo que lleve la palabra «futuros», «margen» o «x10» es otra cosa, y esa otra cosa es la que arruina a la gente.
Y quinto, el que le dije a mi hijo mayor, que ya invierte en cripto, porque los jóvenes van hacia esto como las polillas a la luz: que lo que se aprende con cripto no sirve para lo demás. Con bitcoin aprendes a aguantar caídas, y eso vale. Pero la disciplina de invertir se aprende con lo aburrido, y si empiezas por lo emocionante te pierdes la parte que de verdad te hace rico despacio.
En resumen
Tengo bitcoin, me gusta, y voy a seguir comprándolo cada mes. Creo en su escasez y, con reservas, en sus ciclos. Y al mismo tiempo sé que no produce nada, que puede caer un 70 % mañana, que mi porcentaje es alto para lo que se recomienda, y que el día que el patrón de los ciclos falle no habrá aviso. Las dos listas son verdad. Yo he decidido que la primera me pesa más, con dinero que doy por gastado. Tú tienes que decidir con la tuya.
Y si no tienes ni idea de por dónde empezar con todo lo demás, que es lo importante, la guía «Los primeros 90 días» es gratis al suscribirte: de cripto no habla casi nada, y eso también es una opinión.
⚠️ Aviso obligatorio y sincero: la inversión en criptoactivos no está regulada como otros productos financieros, puede no ser adecuada para inversores minoristas y puede perderse la totalidad del importe invertido. Este artículo es contenido divulgativo basado en mi experiencia personal como inversor particular; no soy asesor financiero registrado y nada de lo anterior es una recomendación de inversión. Rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras. Este artículo incluye un enlace de afiliación a Trezor, señalado como tal al principio y en el propio enlace: si compras a través de él recibo una comisión y a ti no te cuesta más. Si en el futuro se añade alguno más, lo indicaré igual.
Publicado el 5 de septiembre de 2026 a las 01:13 (hora peninsular española). Última actualización: 20 de octubre de 2026.
Sobre guardarlo tú mismo he escrito un artículo entero: qué es un monedero frío, qué riesgo quita y qué cambia entre Ledger y Trezor.
