La inflación explicada con la compra de la semana: por qué el dinero parado pierde (con el dato del INE de agosto)

Este artículo es para el que cree que no invertir es «no arriesgar»

Hay una frase que he oído toda la vida y que yo mismo repetí durante treinta años: «yo prefiero no arriesgar, el dinero lo tengo en el banco». Suena prudente. Y tiene un problema: el dinero en el banco también está arriesgando. Solo que pierde tan despacio, y de una forma tan silenciosa, que nadie lo llama perder.

Eso silencioso se llama inflación. Este artículo la explica sin economía, con la compra de la semana, con la cifra real que confirmó el INE el 15 de septiembre y con una tabla de lo que le pasa a un dinero parado en la cuenta en cinco, diez y veinte años. No es para asustar. Es para que, cuando decidas qué hacer con tus ahorros, tengas todos los números encima de la mesa y no solo los que da miedo mirar.


Qué es la inflación, con el carro de la compra

La inflación es que las cosas cuestan más que antes. Nada más. El mismo carro de la compra, la misma gasolina, el mismo alquiler, la misma factura de la luz, y cada año hacen falta más euros para pagarlo.

Y como el dinero sirve para comprar cosas, si las cosas cuestan más, cada euro compra menos. Ese es el truco de la inflación: no le pasa nada a tu dinero, le pasa a lo que puedes hacer con él. Los 10.000 € que tienes en la cuenta siguen siendo 10.000 € en la pantalla del banco. Lo que cambia es el carro de la compra que te llevas a casa con ellos.

En España lo mide el INE con el IPC, el Índice de Precios de Consumo. Cada mes compara lo que cuesta una cesta enorme de productos y servicios, los que compra una familia normal, con lo que costaba el mismo mes del año anterior. El resultado es un porcentaje: «los precios han subido un tanto por ciento en un año». Cuando en las noticias dicen «la inflación está en el 4 %», es eso: la cesta de hoy cuesta un 4 % más que hace doce meses.


El dato de septiembre de 2026: un 4,9 %

El INE ya tiene publicado el dato definitivo del IPC de septiembre de 2026, comprobado aquí el 17 de octubre. La cifra: un 4,9 % de subida anual, seis décimas más que en agosto y la tasa más alta desde febrero de 2023, hace tres años y medio. Viene de lejos: en abril, mayo y junio estaba en el 3,2 %, en julio en el 3,6 % y en agosto en el 4,3 %.

Y hay un detalle del dato definitivo que explica por qué la media engaña tanto este mes: el transporte subió un 10,5 % anual y los alimentos y bebidas no alcohólicas, un 2,7 %. Casi cuatro veces más uno que otro. Si conduces a diario, tu septiembre no se parece en nada al 4,9 %; si vas en transporte público y llenas la nevera, tampoco.

Hay otra cifra que conviene conocer: la inflación subyacente, que es la misma medida pero quitando la energía y los alimentos frescos, que son lo que más sube y baja de un mes a otro. En septiembre la subyacente está en el 3,1 %. Es la que mira el Banco Central Europeo para saber si la subida es un susto pasajero (la gasolina) o algo que se ha metido en todos los precios. Que la general esté en el 4,9 y la subyacente en el 3,1 significa que buena parte del salto de septiembre es energía. Pero un 3,1 % «de fondo» sigue siendo casi un punto por encima del 2 % que el BCE considera normal.

Y para no quedarnos con un solo mes, que puede engañar, así ha ido el año:

2026Subida anual del IPC
Enero2,3 %
Febrero2,3 %
Marzo3,4 %
Abril3,2 %
Mayo3,2 %
Junio3,2 %
Julio3,6 %
Agosto4,3 %
Septiembre4,9 %

Fuente: INE, tabla 76125. Todos los datos son definitivos; el de septiembre, comprobado el 17/10/2026.

Y si miras más atrás, la cosa es peor de lo que parece mirando un año suelto (enseguida verás por qué). La media de 2022 fue un 8,4 %, con un pico del 10,8 % en julio de aquel año, el más alto en casi cuatro décadas. En 2023 la media fue del 3,5 %, en 2024 del 2,8 % y en 2025 del 2,7 %. Cada uno de esos porcentajes suena moderado. Pero se acumulan: lo que costaba 100 € a finales de 2021 cuesta hoy unos 118. Cualquiera que tuviera 10.000 € en una cuenta sin remunerar a finales de 2021, y los siga teniendo, compra hoy con ellos lo que entonces compraba con unos 8.500. Ha perdido el equivalente a 1.500 € sin que en su cuenta haya cambiado ni un número.


Tu inflación no es la del INE

Ahora viene lo que no suelen contar en las noticias, y que a mí me parece lo más importante de todo: ese 4,9 % no es la inflación de nadie. Es una media. El INE mide una cesta general, con cientos de productos y servicios ponderados según lo que gasta «una familia media» española. Y una familia media no existe. Cada uno tenemos nuestra propia inflación, y puede parecerse bastante o no parecerse en nada a la oficial.

Piénsalo con dos personas cualesquiera. Para un camionero, o para alguien que hace cuarenta kilómetros al día en coche para ir a trabajar, el combustible pesa muchísimo en el gasto del mes; si la gasolina sube un 10 %, su inflación se dispara. Para alguien que va al trabajo en metro o andando, ese mismo 10 % casi no le toca. Los dos leen la misma cifra en el telediario, y a los dos les está pasando algo distinto.

Y al revés. Cuando la electrónica baja de precio, y baja casi todos los años, el IPC lo recoge y tira la media hacia abajo. Pero nadie compra un televisor o un ordenador todos los meses. Lo que sí compras todos los meses es café, huevos, pan, aceite, la luz, el agua. Si eso sube un 8 % y los televisores bajan un 5 %, la cesta oficial puede decir «los precios suben un 3 %», y tu ticket de la compra de cada semana decirte otra cosa muy diferente. Con la ropa pasa lo mismo: la compras por temporadas, no cada mes, y su peso en tu inflación real depende de cuánto te vistas, no de lo que diga la cesta.

Por eso, cuando alguien te diga que «la inflación es del 3 %», la pregunta correcta no es si es verdad; es verdad, es una media bien calculada. La pregunta es cuál es la tuya. Y la respuesta la tienes tú, no el INE: en lo que gastabas hace un año en las cinco o seis cosas que compras siempre, y en lo que gastas hoy en esas mismas cosas. Para la mayoría de la gente que vive de un sueldo o de un negocio pequeño, lo que más pesa es la compra, la energía y la vivienda, y ahí la inflación de estos años ha sido bastante más alta que la media que sale en la tele.

Puedes calcular la tuya. En la página de calculadoras hay una que hace exactamente esto: escribes lo que gastas al mes en ocho bloques —casa, comida, coche, comer fuera, ocio, salud, ropa y el resto— y te dice cuál es tu inflación personal, cuánto se separa del 4,9 % oficial y cuánto pierde tu dinero parado a tu tasa, no a la media.


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La trampa del «se modera»: el kilo de plátanos

Hay una segunda cosa que la cifra oficial esconde, y esta engaña de verdad a mucha gente. Te la explico con un kilo de plátanos, exagerando los números para que se vea.

Enero: el kilo de plátanos vale 1 €. Febrero: vale 2 €. En las noticias: «la inflación se dispara al 100 %». Marzo: vale 3 €. En las noticias: «la inflación se modera: los precios suben solo un 50 %». Y es verdad, porque de 2 a 3 es un 50 %, y de 1 a 2 era un 100 %. Abril: vale 4 €. «La inflación sigue bajando: solo un 33 %». Todo correcto. Todo un engaño.

Porque tú, que compras plátanos, estás pagando un euro más cada mes, todos los meses. A ti no se te está moderando nada. Cuando el telediario dice que la inflación «baja» o «se modera», casi nunca quiere decir que los precios bajen. Quiere decir que suben más despacio que antes. Los precios de 2022, los del 8,4 % de media y el 10,8 % de julio, no han vuelto a bajar. Se quedaron ahí, y encima de ellos ha subido el 3,5 % de 2023, y el 2,8 % de 2024, y el 2,7 % de 2025, y ahora el 4,9 % de septiembre. Cada «se modera» que has oído desde 2022 se ha sumado encima del anterior. Por eso lo que costaba 100 € a finales de 2021 cuesta hoy unos 118, y por eso la sensación de que «todo está carísimo» es verdad aunque la cifra del mes parezca tranquila.

La inflación del mes es una velocidad. Lo que pagas tú es la distancia recorrida. Y la distancia nunca vuelve atrás.


Lo que pierde tu dinero parado: la tabla

Vamos a los números de verdad, que es lo que a mí me habría hecho falta ver hace veinte años. Supón 10.000 € en una cuenta corriente que no paga nada, que es la situación de muchísima gente en España. Esto es lo que puedes comprar con ellos dentro de unos años, en euros de hoy, según la inflación que haya:

Años paradoCon inflación del 2 % (el objetivo del BCE)Con el 3 % (la media de los últimos años)Con el 5 % (un escenario alto)
59.060 €8.630 €7.840 €
108.200 €7.440 €6.140 €
157.430 €6.420 €4.810 €
206.730 €5.540 €3.770 €

Cifras redondeadas. En la cuenta seguirán poniendo 10.000 €; la tabla dice cuánto de lo de hoy podrás comprar con ellos.

Fíjate en la columna del medio, que es la más realista a largo plazo: con una inflación del 3 %, en diez años tu dinero parado ha perdido una cuarta parte de lo que compraba, y en veinte, casi la mitad. No hace falta ni un 5 % sostenido, que es la columna de la derecha y sería una desgracia; basta con lo normal.

Esto es lo que quiero decir cuando digo que el dinero en el banco también arriesga. La diferencia con la bolsa no es que uno tenga riesgo y el otro no. Es que en la bolsa el riesgo se ve, en la pantalla, cada día, y en la cuenta no se ve nunca. Nadie recibe un aviso del banco que diga «este mes tus ahorros compran un 0,3 % menos». Y como no se ve, no duele. Y como no duele, no se hace nada.


Por qué a mí me pasó durante treinta años

Ya he contado en otro artículo por qué tardé treinta años en empezar a invertir: no había información, no había plataformas y la única puerta era el banco, que me vendió lo que me vendió. Lo que no había contado es lo que pasaba mientras tanto con el dinero que sí conseguía ahorrar. Pasaba esto. Exactamente esto. Se quedaba en la cuenta, «sin arriesgar», y cada año compraba un poco menos.

No lo digo con drama, porque entonces no tenía otra opción razonable y, como digo siempre, cada uno hace las cosas con los medios que tiene en cada etapa. Pero sí lo digo con claridad: la sensación de seguridad de tener el dinero quieto es falsa. Es la seguridad de no ver el número bajar. El poder de compra baja igual.

Y lo veo también como autónomo. Cuando llevas trece años con un negocio, la inflación no es una cifra del telediario: es que los envíos cuestan más, que el material cuesta más, que lo que hace cinco años vendías a un precio hoy tienes que venderlo a otro solo para quedarte igual. Un negocio que no sube precios con la inflación se va empobreciendo aunque venda lo mismo. Con los ahorros pasa igual, solo que nadie te obliga a mirar la cuenta de resultados.


Qué hago yo con esto (y qué no)

Sabiendo lo anterior, lo lógico sería decir «pues todo a la bolsa». No. Y el orden importa, porque yo lo hice al revés y me costó.

Primero, el colchón se queda líquido aunque pierda con la inflación. Los tres a seis meses de gastos que necesitas si mañana se cae el negocio o el trabajo tienen que estar disponibles mañana, no dentro de cinco años. Ese dinero va a perder algo de poder de compra, y es el precio de poder dormir. Yo empecé a invertir sin él y acabé vendiendo lo invertido cuando me hizo falta dinero; es el error más caro de todos los que he cometido. Lo que sí puedes hacer con el colchón es que pierda menos: hay cuentas remuneradas y depósitos que hoy pagan algo, y aunque no cubran del todo la inflación, no es lo mismo perder un 4 % que perder un 2. De eso va exactamente el siguiente artículo, con la comparativa de cuentas y lo que cubre cada una si el banco quiebra. Dónde tenerlo exactamente, con lo que paga cada entidad y quién garantiza tu dinero, lo comparé en dónde tener el colchón de emergencia.

Segundo, el dinero que no vas a necesitar en años no se queda parado. Es el que va a un fondo indexado o un ETF de bolsa mundial, con una aportación automática cada mes. La bolsa mundial ha dado a largo plazo, de media, en torno a un 8 % anual antes de inflación. El dato exacto: el MSCI World, el índice de las bolsas de los países desarrollados, ha rendido un 9,1 % anual de media desde 1987, con dividendos y en dólares, según la propia MSCI a 31 de agosto de 2026; en euros y después de la pequeña comisión del fondo se queda en torno al 8 %. Es decir, unos 5 o 6 puntos por encima de lo que suben los precios. Unos años mucho más, otros mucho menos, y con caídas por el camino que hay que aguantar sin vender. Pero es la única forma sencilla que conozco de que el dinero no solo aguante la inflación, sino que la supere. Los números de empezar a los 50 los tienes en el otro artículo; aquí solo quiero que veas las dos tablas juntas: la del dinero parado, que solo baja, y la del dinero invertido, que con sus sustos, sube.

Tercero, no hacer tonterías por miedo a la inflación. Cuando la inflación sube, aparecen los que venden «protección»: oro, criptomonedas, inmuebles a crédito, productos del banco con la palabra «garantizado». Yo tengo una parte pequeña en bitcoin y ya he explicado por qué es pequeña. Nada de eso sustituye a lo aburrido: colchón aparte y un índice amplio con aportación automática. La inflación es un motivo para invertir; no es un motivo para invertir en lo que sea.


La Tortuga de Inversor Desde Cero: el dinero parado se encoge

Y una cosa más, porque va en la misma dirección: la inflación no es el único viento de cara a largo plazo. Las proyecciones oficiales dicen que la pensión pública va a pesar menos frente a los sueldos de lo que pesa hoy, y lo he mirado con los números en ¿voy a cobrar pensión cuando me jubile?.

En resumen

La inflación es que el carro de la compra cuesta más cada año, y por tanto cada euro compra menos. En septiembre de 2026 los precios subían un 4,9 % respecto al año anterior, según el INE, y desde finales de 2021 acumulan cerca de un 18 %. Pero esa cifra es una media que no es la de nadie: tu inflación depende de lo que compras tú cada mes, y cuando dicen que «se modera» no es que los precios bajen, es que suben más despacio, encima de todo lo que ya subieron. Diez mil euros parados en una cuenta sin remunerar compran hoy lo que hace cinco años compraban 8.500, y con una inflación normal del 3 % perderán una cuarta parte de su valor en diez años sin que el saldo cambie.

Tener el dinero quieto no es no arriesgar: es arriesgar sin verlo. El colchón se queda líquido, en la cuenta que menos pierda, y el resto se invierte a largo plazo en algo aburrido que históricamente ha subido más que los precios. Yo tardé treinta años en entender esto. Si tú lo entiendes hoy, ya me llevas ventaja.

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⚠️ Aviso sincero: este artículo es contenido divulgativo basado en mi experiencia personal como inversor particular. No soy asesor financiero registrado y nada de lo anterior es una recomendación de inversión. Las cifras de inflación son del INE en la fecha indicada y las tablas son ejemplos con una tasa constante, no una previsión. Invertir tiene riesgo y se puede perder dinero; rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras. Antes de tomar una decisión importante con tus ahorros, consulta con un profesional registrado.

Última actualización: septiembre de 2026.

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